Jesús Franco Manera  
Madrid, 1936
Jess Franco

Cineasta de culto dentro de las películas de serie B, Jesús Franco se interesó desde pequeño por la música. Al finalizar la Guerra Civil española (1936–1939), se matriculó en el Conservatorio de Madrid, donde estudió piano. Años más tarde, se licenció en Derecho, Filosofía y Letras y estudió en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas de Madrid para ampliar, posteriormente, sus estudios en la Universidad de La Sorbona en París.

Durante esta época escribió algunas novelas de terror bajo el pseudónimo de David Khunne y compaginó su trabajo como director de cine con el de director y actor teatral. Autor de casi 200 películas, desarrolló una gran afición por el jazz y con 23 años ya formaba parte de algunos grupos de jazz.

Trabajó en la productora Unión Films, fue ayudante de dirección de Rafael Romero Marchent, de Juan Antonio Bardem, y de Luis García Berlanga en la película Los jueves, milagro (1957).

Franco quedó marcado por lo que Berlanga le dijo en un rodaje: “Para hacer cine tan sólo es necesario una cámara y libertad”. Ese año rueda su primer cortometraje documental: El árbol de España (1957).

En 1959 rueda otro corto documental, Oro español y dirige su primer largometraje, Tenemos 18 años. Sus siguientes trabajos en 1960 son Labios rojos, La reina del Tabarín y el cortometraje documental El destierro del Cid. Al año siguiente estrena un filme en línea con la escuela de terror italiana, Gritos en la noche (1961), considerado por la crítica como la mayor obra maestra del cine fantástico español. Jesús Franco realizaría varios remakes a lo largo de su filmografía a partir de los cuales su protagonista, el Doctor Orloff, se convertiría en un personaje mítico dentro del cine de terror. Es el caso de El secreto del doctor Orloff (1964) y Los ojos siniestros del doctor Orloff (1972).

En 1962 filma las películas La muerte silba un blues y Vampiresas 1930; esta última, una comedia musical protagonizada por Lina Morgan; y el western El llanero (1963). La censura le obliga a trabajar en Francia, época en la que realiza la coproducción hispano–francesa Rififí en la ciudad (1963). Su siguiente trabajo es La mano de un hombre muerto (1963).

En 1965 dirigió otra de sus películas mejor acogidas por la crítica; se titula Miss Muerte. Al año siguiente dirige Lucky el intrépido, Cartas boca arriba y Residencia para espías (1966). Necronomicón (1967), una de sus películas más exitosas, fue aclamada en el Festival de Berlín y le valió un contrato con la productora American Internacional.

99 mujeres (1968) es una coproducción realizada entre España, Italia, Alemania y Gran Bretaña. Ese año también rueda El caso de las dos bellezas, donde Franco interpreta un pequeño papel; Bésame monstruo y Fu–Manchú y el beso de la muerte (1968). En 1969 dirige la secuela de este último filme titulado El castillo de Fu–Manchú.

Otros de sus siguientes títulos son La ciudad sin hombres y Justine, del año 1969. Este último filme está inspirado en una novela escrita por el Marqués de Sade (1740–1814). La venganza del doctor Mabuse, El Conde Drácula, El diablo que vino de Akasawa, Eugénie, Las vampiresas, Asesinada en Ekstase, El proceso de las brujas y Sangre en la noche son los largometrajes que Jesús Franco rodó en 1970. Los títulos del año siguiente son Vuelo al infierno y Virgen entre los muertos vivientes (1971).

En 1972 fundó su propia productora, Manacoa Films, con la que grabó en España y sin sufrir ningún tipo de censura, los largometrajes más auténticos dentro de su filmografía. Fue la época del destape y del desaparecido cine S y también fue la etapa en la que Franco llegó a rodar 12 filmes en un sólo año. Los largometrajes que dirigió en esos años son: El misterio del castillo rojo, El muerto hace las maletas, Los amantes de la isla del diablo, La maldición de Frankenstein, Un capitán de quince años, Drácula contra Frankenstein (1972), El ataque de las vampiresas, Al otro lado del espejo (1973), Vals por un asesino, Un silencio de tumba, El sádico de Notre–Dame, La noche de los asesinos (1974), Paraíso de bestias, infierno de mujeres (1975), Jack el Destripador, Una cárcel dorada, Mujeres en el campo de concentración del amor (1976), Cartas de amor a una monja portuguesa, Greta (1977) y Ópalo de fuego: mercaderes del sexo (1978). Este vertiginoso ritmo de producción le obliga a adoptar pseudónimos basados en los nombres de sus músicos y escritores favoritos. El más conocido es Jess Frank.

Aunque su género favorito sigue siendo el de terror, rueda también filmes de ciencia ficción, de espionaje, musicales, comedias y, a partir de los años 80, cine pornográfico. Esto es debido a que el Decreto Miró, formulado en el año 1984 por la cineasta madrileña Pilar Miró, por aquel entonces Directora General de Cinematografía, acabó con el cine de género en España. Las subvenciones anticipadas y el proteccionismo estatal obligan a Jesús Franco a filmar películas porno y a triunfar con sus películas de serie B en el mercado cinematográfico estadounidense.

Los títulos que rodó en los 80 son: Sadomanía: el infierno de la pasión, Sinfonía erótica (1980), El caníbal, Colegialas violadas, Aberraciones sexuales de una mujer casada (1981), Las orgías inconfesables de Emmanuelle (1982), La noche de los sexos abiertos, Sangre en mis zapatos, Gemidos de placer, La tumba de los muertos vivientes, Botas negras látigo de cuero, La casa de las mujeres perdidas, El hotel de los ligues, Macumba sexual (1983), Voces de muerte, Historia sexual de O (1984), La mansión de los muertos vivientes, La esclava blanca (1985), Las tribulaciones de un Buda bizco, Las amazonas del templo de oro (1986), El lago de las vírgenes (1987), Los depredadores de la noches (1988), Una canción por Berlín y La bahía esmeralda (1989).

La producción de Jesús Franco decae en los años 90 pero sigue rodando con relativa asiduidad. Don Quijote de Orson Welles (1992) es una película en la que actúa el mismísimo director de Ciudadano Kane (1941) y al que Franco considera un genio y uno de los pocos humanistas del cine.

Sus siguientes trabajos son Ciudad Baja (1994), Carne fresca (1997), Maricookie y la tarántula asesina, Lady Frankenstein (1998), Seda roja, El intento virtual del doctor Wong, Los blues del vampiro (1999) y Objetivo a ciegas (2000). De entre ellas destaca Killer Barbys (1996), rodada en la que ya era su ciudad de residencia, Torremolinos (Málaga). Ese año la ciudad estadounidense de Nueva York le concedió un premio por su trayectoria fílmica y produjo, además, un videoclip censurado para el grupo musical Los Planetas. Es también la etapa en la que empieza a ser reconocido y homenajeado por los cinéfilos españoles.

En 2000 se editó un vídeo y un DVD con las producciones dirigidas por Jesús Franco entre 1996 y 2000. Ese año dirigió Objetivo a ciegas y, al año siguiente, Incubus (2002).

En una entrevista concedida en 2002, el cineasta madrileño confesaba que “nadie es profeta en su tierra” y considera que España nunca le ha dado nada, que sus películas son extranjeras, ya que es en Estados Unidos donde su carrera fílmica es reconocida. Dada la situación del cine español durante la dictadura y la transición españolas, Jesús Franco sabía que si se hubiese quedado en su país natal, no habría filmado ni la mitad de las películas de las que es autor. Además, la proliferación de su trabajo es debido al organizado sistema de producción de los grandes estudios norteamericanos.

Considerado por el Vaticano, y orgulloso de ello, como uno de los directores más peligrosos del cine mundial junto a Luis Buñuel, publicó en 2004 Memorias del tío Jess, considerado por el propio autor no como una biografía, sino como un relato donde cuenta lo que vivió entre el Franquismo y el cambio democrático. Dice estar interesado por cineastas como su ya fallecido sobrino Ricardo Franco y por otros, como el que fue su ayudante Emilio Martínez Lázaro. En cambio, no le atrae nada el cine de José Luis Garci, ya que considera que está marcado por lo que se debe hacer.

Sus trabajos más recientes son las coproducciones hispano–germanas Flores de perversión y Flores de la pasión (2005), y Mujer–serpiente (2005). El que se considera a sí mismo como “el Manolo Escobar del cine español”, colabora en la actualidad con la revista Cinemanía.


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